LA BARRACA VALENCIANA

Una de las construcciones más originales y bien hechas creadas por el arquitecto popular (en este caso, el mestre barraquer) es, sin duda, la barraca. A esta construcción se le podría aplicar la idea que Mies van der Rohe tenía sobre su arquitectura: «Menos es más». A pesar de los pocos recursos utilizados, la barraca valenciana es una de las obras más destacadas de la arquitectura popular española. Es una vivienda fresca en verano y cálida en invierno, blanca y muy limpia tanto por dentro como por fuera. La barraca muestra su estructura de manera visible, algo que, antes de que se convirtiera en una tendencia o en un lenguaje de vanguardia ya era característico de este tipo de construcción. Esta casa podía ampliarse fácilmente simplemente construyendo otra barraca, permitiendo tener la proximidad entre personas y animales, por ejemplo, en zonas de la huerta valenciana donde era necesario tener una barraca para los animales junto a la vivienda. Además de las barracas de la huerta, también existieron versiones en zonas de arrozales y en las cercanías del mar, como las barracas de pescadores, de las que ya no quedan ejemplares. También existió un tipo de casa subterránea en las cercanías de Valencia, como en Benimamet y Paterna, que ofrecía unas condiciones de vida excelentes, incluso mejores que muchas viviendas tradicionales, aunque prácticamente han desaparecido.

La barraca se construía con pocos materiales: madera, cañas, barro y paja de arroz, pero con ellos se lograba hacer una vivienda cómoda y saludable. Aunque se podía usar paja de arroz o trigo para el techo, el material más adecuado era una planta llamada borró, trochera o mansega, que hacía cubiertas más duraderas, de hasta 25 años, mientras que con la paja de arroz o trigo no se superaban los 10 años. Los materiales utilizados para construir la barraca se obtenían de la huerta y los campos de cultivo cercanos. La paja de arroz se obtenía de los arrozales y la madera y las cañas podían encontrarse en los alrededores de la huerta. El barro se extraía del terreno, y la gramínea borró, trochera o mansega, utilizada para las cubiertas, crecía en la zona. Todos estos materiales estaban disponibles por la zona, lo que hacía que la construcción de la barraca fuera un proceso accesible, económico y sostenible.
La barraca solía orientarse de manera que la fachada quedara hacia afuera, hacia el mar, así se aprovechaba la luz y el sol de la mañana, además de la suave brisa del mar. La luz, el sol y el aire fresco, entraban en la barraca a través de la puerta grande, ya que las ventanas eran pequeñas, y no porque se necesitara espacio para un carro, como se ha dicho en ocasiones, ya que el carro siempre se dejaba fuera.
La planta de la barraca se organiza de modo que las diferentes estancias se sitúan a los lados de un pasillo que va de la fachada delantera a la trasera. Así, habitaciones como los dormitorios y la cocina-comedor quedan alineadas y cada una tiene su propio acceso desde el pasillo. El suelo suele ser de tierra apisonada, excepto por dos aceras de cemento o ladrillo de unos 50 cm de ancho que están a ambos lados del pasillo. Una simple escalera de madera, tipo «barco», lleva a un piso superior o andana, que es un desván con un suelo de cañas donde se guardaba parte de la cosecha o se criaba el gusano de seda. En algunos casos, la andana también servía como dormitorio, ya fuera de forma permanente o temporal.


En la región de Alicante, también se encuentra el riu-rau, una estructura agrícola destinada al secado de uvas, y su variante, la naia, que a veces se incorpora a la vivienda como un espacio de estar. Por último, en el área de Benicarló-Vinaroz, hay viviendas cúbicas de pequeña escala, con diseños geométricos y sin adornos, que reflejan principios de la arquitectura racionalista, aunque hoy en día son escasas y muchas han perdido su esencia original.
